Hoy publicamos una nueva colaboración del
amigo de Desde el Caballo de las Tendillas, José Quijada, espero que sea de
vuestro interés y que paséis un buen día de reflexión.
Desde la llegada de ese trampantojo que
tenemos por democracia, partidos políticos y medios de comunicación nos
bombardearon e inocularon de ilusiones vanas, haciendo creer a la mayor parte
de la sociedad que su llegada sería la panacea de todos los males, la solución
a toda desigualdad, el ungüento amarillo que daría lugar a una España mejor,
libre de rencores pasados y más justa. Nos engatusaron con el “Habla, pueblo,
habla” y el poder de las urnas, de la misma manera que se convence y contenta a
un niño comprándole unos chuches. Con el paso del tiempo, los partidos
políticos se hicieron los dueños incontestables y omnímodos del chiringuito
democrático, creando una gigantesca administración que es una red clientelar
encubierta, y adulteraron al poder judicial, nombrando directamente a sus
miembros, lo que significa el secuestro total del Estado democrático.
Desmembraron a España en 17 reinos de taifas, creando sus 17 gobiernos, sus
cajas de ahorro, sus televisiones autonómicas y sus embajadas en el extranjero,
con la transferencia de la educación a cada una de ellas, lo que ha significado
la puntilla final a la unidad de la patria, pues el germen de odio a España es
ya irreversible. Se ha autorizado el triunfo del terrorismo, permitiendo que
Bildu se haya instalado en la administración de Vascongadas, y la libertad de
sus terroristas, sin entrega alguna de armas ni arrepentimiento. Se ha
alimentado el éxito del independentismo catalán por la condescendencia e
inacción de gobierno y oposición, facilitándoles el proceso secesionista en
lugar de aplicar los mecanismos del Estado de Derecho. Se ha permitido que la
crisis económica sea mucho más mortífera en España, por no aplicar las medidas
oportunas a su debido tiempo. Nos han obsequiado con toda clase de vilezas,
corrupciones, traiciones y miserias a cambio de un voto; es decir, a cambio de
nada porque los partidos políticos no cumplen sus programas electorales, por lo
que la papeleta vale lo mismo que si se deposita en la basura. Sólo les
preocupa vivir como reyes a costa del resto de españoles y mantener a salvo su
privilegiada posición.
A pesar de la gravedad extrema de todo lo
expuesto, temo que aún mayor trascendencia y peligro –por su inminencia- es el
problema del islamismo en España, el cáncer más extendido y que amenaza
metástasis, si es que no es ya incurable, insanable en la achacosa piel de toro
española. Según el último estudio demográfico de la población musulmana en
España, llevado a cabo por el Observatorio Andalusí y referido a fecha del 31
de diciembre de 2013, 1.732.191 musulmanes residen en nuestra patria, con 1.200
mezquitas distribuidas por todo el territorio español. La inmigración musulmana
ha transformado la sociedad española. Nuestra cultura nativa es descartada como
irrelevante y el cristianismo arrinconado. Valores como “libertad de religión”
se llevan al extremo en detrimento de nuestra “libertad de expresión”, que nos
es robada porque “no es justo para los inmigrantes”, que tienen prioridad sobre
la población originaria. Ellos no se adaptan, imponen sus normas y religión y
nosotros debemos asumirlo y doblegarnos en nuestra propia nación.
Hay que destacar el casi medio millón de
musulmanes que habitan en Cataluña y que
están siendo parte importante en su proceso secesionista, como reconoce
“The New York Times” con un cristalino titular: “Los inmigrantes han ayudado a
Cataluña a separarse de España”. El reciente informe del Departamento de Estado
de los Estados Unidos, considera a Cataluña como el núcleo más peligroso del
islamismo en Europa. Así, un informe secreto del ex embajador Eduardo Aguirre
fechado en octubre del 2007, decía: “La alta inmigración, tanto legal como
ilegal, desde el norte de África, así como de Pakistán y Blangladesh, hace de
esta región un imán para reclutar terroristas”. Lo demuestra que el jefe de los
paquistaníes de CIU es un islamista radical (Khalid Shabaz) que fue detenido en
2011 por la Policía por estafa y falsificación de documentos, ocupando el
número 79 en la lista de Artur Mas a las autonómicas de 2012, y está
considerado por las Fuerzas de Seguridad como un “paquistaní de ideología
extrema”. Estos islamistas radicales son recoge votos entre los cientos de
miles musulmanes instalados en Cataluña. Por eso el separatismo catalán ha
priorizado la migración magrebí sobre la latina, para que les ayudase en su
proyecto de construcción nacionalista. Ya sabemos por qué el 30% de la
población musulmana de España vive en Cataluña, siendo la región europea con
mayor proporción. Desde el Gatestone Institute se habla ya de la República
Islámica de Cataluña.
Pero no sólo los nacionalistas catalanes se
unen a los a los musulmanes para destruir España, también la izquierda y su
cristofobia se apoya en ellos para destruir toda raíz cristiana, como demuestra
que la Junta de Andalucía, en manos de PSOE-IU, pretende expropiar la
Mezquita-Catedral de Córdoba, propiedad de la iglesia desde Felipe IV, donde
una cédula real del año 1659 reconocía al obispo como “dueño legítimo”. Está
históricamente comprobado que la izquierda y los nacionalismos se alían con
todo lo que sea anti España, con todo lo que les permita y ayude destruir la
España milenaria y cristiana. Son los nuevos Conde Don Julián y Obispo Don
Oppas, que traicionaron a España permitiendo la invasión musulmana. Quieren
borrar y anular las gestas de Don Pelayo, El Cid, Fernando III El Santo, Jaime
I El Conquistador, los Reyes Católicos y tantos héroes que han derramado su
sangre por España y forjado la gloriosa historia de nuestra patria; quieren
desandar casi ocho siglos de Reconquista cristiana y española ante el invasor
Islam; quieren, en definitiva, matar a España porque ha sido, históricamente,
el muro contra el que se ha dado de bruces el islamismo.
A pesar de los negros nubarrones que se
ciernen sobre España y su fatal destino tal vez ineluctable, me quedo con los
versos de Fernando de Herrera, escritor español del Siglo de Oro apodado “el
Divino”, que en su poema “Por la Victoria de Lepanto”, escribía: “¿Quién contra
la espantosa (amenaza turca) tanto pudo? El Señor, que mostró su fuerte mano
por la fe de su príncipe cristiano y por el nombre santo de su gloria, a su
España concede esta victoria…”.
