martes, 27 de octubre de 2015

DOS MUJERES DE RAZA, por @AntoniodlTL

Hoy contamos con una nueva colaboración de Antonio de la Torre; y nos habla de dos mujeres, Mercedes Alaya y Dolores Agenjo, la directora que se negó a entregar las llaves “a los voluntarios” para el referéndum. Un artículo interesante y que no os podéis perder. ¡Feliz martes!


No es España un país en el que falten mujeres de postín a lo largo de su Historia. Basta con dar un breve repaso para ver que las encontramos en todos los ámbitos.

Así, en el campo de la política, entre otras, podemos destacar desde Isabel la Católica, la gran reina de Castilla que consiguió, tras la unión con Aragón –Condado de Barcelona incluido- por su boda con Fernando , acabar casi ocho siglos de Reconquista y la Unidad Nacional, además de impulsar y financiar el descubrimiento de América, hasta Agustina de Aragón en su desigual lucha contra las tropas napoleónicas, sin dejar a Mariana Pineda, defensora liberal de la Constitución de Cádiz, La Pepa de 1812, que pagó con su vida la osadía de enfrentarse al absolutismo de Fernando VII, el conocido –no sin razón, por cierto- como Rey felón.

En el mundo de la cultura, también entre otras muchas, tenemos ejemplos como Beatriz Galindo, La Latina; Cecilia Böhl de Faber, que escribía con el pseudónimo de Fernán Caballero, cosas de la época; Emilia Pardo Bazán; María Zambrano, discípula de Ortega  o Rosalía de Castro, por citar sólo algunas.

Como es obligado, no puedo dejar de reseñar a Santa Teresa de Jesús, fundadora de la Orden del Carmelo y doctora de la Iglesia o a Sor Juana Inés de la Cruz, poetisa hispano-mejicana, conocida como “La décima Musa”.

Tampoco en el mundo de la Ciencia están ausentes nuestras mujeres, entre las que destacan Margarita de Salas, Presidenta de la Fundación Severo Ochoa, entre otras muchas cosas, y Sara Borrell, con más reconocimiento internacional que en España, algo muy usual,  por desgracia, en nuestro país.

Ya sé que me dejo en el “tintero” a muchísimas mujeres ilustres y famosas. El Arte, la Música, el Cine, etc., también darían muy buenos ejemplos,  que no se enfade nadie, pero entonces no acabaría este artículo de opinión, que no sería tal, sino un resumen histórico, cosa que no pretendo y para la que, sin duda, hay mucho más cualificadas plumas –o teclados, en este caso- y en muchos libros de Historia, Literatura, Ciencia, Arte o en “San” Google, podrá encontrar el lector curioso la interminable lista de mujeres españolas ilustres, o de armas tomar, a lo largo de los siglos.

Pero no, no era ninguna de estas señoras, que también lo merecerían, a las que dedicaba el calificativo “de raza” con el que titulo este artículo, sino a otras dos que, de momento, no han pasado a la Historia, pero que pasarán, sin duda, más pronto que tarde por su arrojo y valentía. Me refiero a la Juez, que no jueza, Mercedes Alaya y a la directora de un Instituto catalán, Dolores Agenjo. Norte y sur, representados por este par de mujeres valientes que han dejado constancia de que no se arredran ante las amenazas y presiones de todo tipo del pervertido y politizado sistema político que nos domina.

La juez Mercedes Carmen Alaya, sevillana -Écija, 1963- accedió joven a la judicatura -25años- y dejó el anonimato  cuando empezó a instruir el conocido como “EREgate” –el Caso de los ERE-, que tuvo su inicio a partir del Caso Mercasevilla, que se instruía en el juzgado nº 6 de Sevilla al que ella llegó en 1998 -ese  caso que se hizo famoso por las prejubilaciones masivas de “empleados”, con antigüedad laboral equivalente (en algún caso) a la edad del prejubilado y familiares diversos (suegra incluida) entre los supuestos regulados-. Pero ya antes, nuestra heroica Juez, tuvo repercusión mediática cuando, en 1990, procesó al que era Alcalde de Fuengirola –Sancho Adán (PSOE)- por presunta malversación de fondos públicos.

No voy a entrar aquí en el detalle, pormenores ni avatares de la instrucción, sobre lo que hay ríos de tinta en todos los medios, pero sí quiero destacar que, tras una primera recusación, un largo periodo de baja por las presiones recibidas durante la instrucción del caso de los ERE, reanudó la instrucción, superó una segunda recusación y acabó imputando a no pocos altos cargos y a dos expresidentes de la Junta de Andalucía, Manuel Chaves –el que “necesitaba traducción simultánea para entenderse con el cordobés José Montilla en el Senado- y su distinguido sucesor José Antonio Griñán, que ocupó el sillón presidencial cuando se empezó a complicar el caso y la imputación de Chaves se veía venir que, entonces, buscó cobijo, con su fiel “escudero” Gaspar Zarrías “el conseguidor” y “señor” de Jaén, en el Senado, ese cementerio de elefantes, “presuntos corruptos” y descabalgados por las urnas que protege con el aforamiento a sus señorías en lugar de ser cerrado y destinado su suntuoso palacio a museo, tras la conveniente “esterilización” y limpieza. El mismo camino, por cierto, siguió después Griñán, hasta que la vista del caso como imputados, los dos, por parte del Tribunal Supremo y la descafeinada ‘presión’ de Ciudadanos para apoyar la investidura de Susana Díaz –que ya veremos si no resulta salpicada (indicios parecen existir)- después de tres meses de “durísimas negociaciones” entre ambas formaciones, los apartó del primer plano de la política. Bueno, en el Senado ya eran simples calentadores de asiento.

Termino la reseña sobre esta valiente Juez comentando la algo más que aparente ‘felonía’ que al final se ha acabado imponiendo, una prueba más de la “poca” relación que existe entre política y justicia, las dos con minúscula en este caso. Cuando la Juez Alaya solicitó un puesto que le correspondía en la Audiencia Provincial de Sevilla, en la seguridad de que podría seguir con la instrucción de los sumarios que , hasta entonces llevaba –ERE, Betis, Formación (EDU)-, de lo que existían numerosos precedentes. Pero no, cuando todo apuntaba a que su sucesor, en el juzgado que dejaba, sería su juez ayudante y de apoyo en los casos citados, aparece una “actriz” invitada, desconocida hasta entonces, la Juez Mª Ángeles Bolaños, desde 2004 juez de familia, sin experiencia conocida en Derecho Penal y el escalafón como único “mérito”, que “solicita” de manera tan sorpresiva como urgente, sin haber tenido la tentación de hacerlo en ocasiones anteriores con otros juzgados que quedaron vacantes, el juzgado que dejaba doña Mercedes. Se da, además, la circunstancia de que esta señora está casada con el psiquiatra forense Julio Guija que fue promovido, al parecer sin muchos méritos objetivos que lo justificasen, a la categoría de director del Instituto de Medicina Legal, por libre designación, en una decisión de la entonces Consejera de Justicia de la Junta. Huele ¿verdad?  Para remate de “coincidencias”, circunstanciales sin duda, está la conocida amistad de este matrimonio con el actual consejero de Justicia e Interior, Emilio de Lera, antes fiscal en Sevilla.

En definitiva, la Juez Alaya ha quedado definitivamente apartada de sus casos, después de que su “independiente” sustituta anulara un auto de su predecesora, troceara el expediente y, ¡oh, milagro! , en pocas semanas, acarreara una lluvia de “tranquilidad” -¿debería decir “presunta” impunidad?- entre los expresidentes y demás altos cargos imputados por doña Mercedes, que se retira de la instrucción con la cabeza muy alta tras esa decisión “nada” política y, sin duda, “profesional y objetiva”.

No es menos destacable la circunstancia que concurre en nuestra segunda mujer de raza, Dolores Agenjo, la entonces directora de un Instituto de Hospitalet, que se negó a cumplir la orden -“indicación” dicen las autoridades de la Generalidad catalana- de entregar las llaves del centro para convertirlo en “colegio electoral” destinado al simulacro de referéndum secesionista que el lunático y poco honorable Arturo Mas decidió hacer el 9 de Noviembre del pasado año –lo que vamos conociendo sobre la financiación de CDC y, al parecer, la suya personal a la sombra de los Puyol, amerita ese calificativo-, en esa llamada a las urnas de cartón, que duró una o dos semanas, en la que el control del censo brilló por su ausencia y a la que, algunos, claramente dotados de un espíritu de “colaboración ciudadana” infinito y una enorme dosis de generosidad y “patriotismo pueblerino”, parece que acudió varias veces. Pese a lo cual, poco más del 50% del 35% que acudió a las urnas, es decir, un escaso 18% del “pueblo”, dijo sí a la pretendida secesión  independentista. Lo que se dice un “aparatoso” batacazo. Perdón, quise decir “triunfo”.

Esta directora, única entre sus numerosos colegas, dijo NO a la cacicada caprichosa del presidente de la Generalidad de Cataluña, se mantuvo firme en su respeto a la Ley y a la Constitución Española, pidió que se le entregara la orden por escrito, que no recibió –así de valientes son el reyezuelo Arturo y sus ‘caballeros de la mesa redonda”-, y no entregó las llaves de su centro, afrontando en ese momento amenazas y presiones de todo tipo por parte de las hordas catalanistas.

Ahora, tras casi un año de incomprensible retraso de la justicia, otra vez con minúscula, esta mujer valiente reaparece contradiciendo las declaraciones de Irene Rigau, la consejera de educación (por supuesto, también con minúscula) –tal vez sería más apropiado llamarla de adoctrinamiento- a la que deja en evidencia y desmiente categóricamente reiterando las reuniones previas, la llamada de la directora de Servicios Territoriales, el 7 de Noviembre anterior, para decirle, en un más que evidente último intento de presión y/o amedrentamiento, que “era la única que no había entregado las llaves”, que “le daría la orden por escrito”  pero “que no se la enseñara a nadie” y que, ante la respuesta de la directora de que sí la enviaría a la Delegada del Gobierno en Cataluña, reculó y la emplazó a una nueva llamada tras la pertinente consulta a la superioridad, que nunca se produjo y, así, el Instituto que dirigía doña Dolores permaneció cerrado ese día.

Veremos en qué se traduce este acto de valentía y si sus declaraciones ante el TSJ de Cataluña ejercen el efecto debido y contribuyen a poner en su sitio –en el banquillo- al señor Mas, cada vez ‘menos’, que trata de escabullir su responsabilidad –eso sí que es ‘valentía’- aludiendo a la “colaboración ciudadana” como parte activa en la organización de la consulta ilegal, conocida por algunos como “merendéndum”.

Hasta aquí mi pequeño homenaje a este par de mujeres valientes que no han cedido a las presiones de los políticos ni de la politizada justicia que, cada día, se supera en sus incomprensibles decisiones cuando de juzgar a políticos se refiere.

Un par de mujeres con… un par de atributos, permítaseme la expresión. Mi aplauso entusiasta por su valentía, que hará Historia, esta vez sí, con mayúscula. Mi apoyo y el de, sin duda, muchos millones de españoles de bien, andaluces y catalanes en particular, por su gesto encomiable.

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