lunes, 26 de octubre de 2015

UN GREGARIO DE LUJO


No se trata de una norma escrita, no existe ninguna obligación legal ni moral que obligue a actuar de esta manera. De hecho los dos últimos presidentes del Gobierno no han seguido esta costumbre que no solo se aplica en nuestra España, sino, diría yo, en todas las democracias. Se trata de eso que se conoce como que “el número 2 es el malo”.

Ocurrió con los gobiernos de Felipe González, el ejemplo más claro es el de Alfonso Guerra y también con los de José María Aznar, ¿quién no recuerda a Francisco Álvarez Cascos?; en aquellos casos el presidente de turno contaba con un escudero que, además de coordinar las políticas del Gobierno, hacía de filtro y, sobre todo, era el malo del ejecutivo; porque todo gobierno necesita “un malo” que sea el que diga las cosas de una forma más agresiva y que sea el parapeto para el presidente, hablando en castizo, el que se lleve las ‘guantás’ dirigidas a su jefe.

Algo que no ha ocurrido con los gobiernos del nefasto Zapatero y de Mariano Rajoy, pues sus vicepresidentas para nada se han ‘quemado’ en el ejercicio del cargo. Y es que a las dos mujeres que lo han ocupado (junto a Elena Salgado), María Teresa Fernández de la Vega y Soraya Sáenz de Santamaría, no les ha perjudicado el ejercicio del cargo, más bien al contrario, pues han sido las más valoradas del ejecutivo por parte de la ciudadanía, por encima del Presidente del Gobierno.

Y eso, en mi opinión no es normal, no es lógico que un vicepresidente esté mucho mejor valorado que el que lo ha nombrado. El vicepresidente está, como hemos dicho, para ser el malo de la película, para quitarle problemas al presidente, algo que hizo muy bien, por ejemplo, Francisco Álvarez Cascos. El vicepresidente se ha de quemar antes que el presidente, ha de ser un gregario de lujo. Y eso no es lo que ha ocurrido en los últimos gobiernos.

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