Esta
semana se hacía público un informe de la Guardia Civil en relación a los
intentos del entorno etarra para controlar la educación en la Comunidad Foral
de Navarra. Resulta que a tenor del citado informe un 5% del profesorado
perteneciente al modelo de educación en euskera está vinculado directamente a
la banda terrorista ETA, y un 27% está estrechamente apegado a su entorno
político y social.
En
el citado informe de la Benemérita, del que se hacía eco el Diario de Navarra, se
vincula a este profesorado con organizaciones como Jarrai, Segi o Haika y se añade
que "la educación se utilizará como un instrumento esencial para imponer
el ideario político y social de ETA y su entorno"; señala además que este
objetivo se logra apoyándose en "la propia militancia de la
izquierda abertzale, formada por parte del profesorado, que no sólo
trabaja actualmente para lograr ese cambio mediante constantes dinámicas de
movilización y reivindicación, presentes en una gran mayoría de centros
educativos del País Vasco y Navarra, sino que realiza una constante labor de proselitismo tanto en el profesorado
como en el alumnado y sus familias".
Está
claro que el éxito del nacionalismo catalán inculcando sus ideales en las
escuelas y plantando la semilla del separatismo está siendo exportado, en este
caso a Navarra. Y es lógico que así lo hagan, pues el objetivo de los
nacionalistas más radicales siempre ha sido romper con el resto de España e
imponer su forma de pensar y parece que ha quedado demostrado que se puede
lograr mucho más de esta forma que con la violencia.
Y
parece que Unión del Pueblo Navarro quiere tomar cartas en el asunto, por lo
que ha pedido al Gobierno que se adopten las medidas necesarias para que estos
hechos no se produzcan. Esperemos que así sea, aunque no tengo mucha esperanza,
pues el Estado ha hecho oídos sordos en Cataluña y País Vasco, permitiendo que
el nacionalismo controle la educación y la cultura en estas Comunidades
Autónomas, lo politice todo y haga y deshaga a su antojo. Algo de lo que ya
hemos hablado en otros artículos.
La
semilla del odio a España la plantaron hace muchos años en Cataluña y
Vascongadas y ya germinó, en algunos casos con mucha fuerza. Espero que el
Gobierno haya tomado nota de lo ocurrido y evite que esta vez se pueda plantar la
semilla del odio en Navarra.
