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jueves, 3 de septiembre de 2015

PUES YO ESTOY CONFORME CON LA REFORMA DEL CONSTITUCIONAL…


Cuando tuve conocimiento de la propuesta de modificación de la Ley que regula el Tribunal Constitucional quedé sorprendido y lo que pensé fue que cómo que esta reforma no se había realizado antes, pues no es lógico que el TC no tenga capacidad para hacer cumplir sus sentencias.

sábado, 20 de julio de 2013

¿QUIÉN CREE QUE EL TC ES INDEPENDIENTE?


Menudo verano llevamos, luego para que digan que el periodo estival es tranquilo… Ahora se ha montado en relación a la militancia política de los magistrados del Tribunal Constitucional, tras conocerse que el Presidente del Alto Tribunal, Francisco Pérez de los Cobos, estuvo afiliado al Partido Popular entre los años 2008 y 2011.

El tribunal  ha emitido un comunicado en el que defiende que la Constitución y la Ley Orgánica del propio tribunal no establecen para los magistrados del TC ninguna incompatibilidad con el hecho de militar en un partido político. Además, tras escuchar las explicaciones que dio el Sr. Pérez de los Cobos, ninguno de los once magistrados que componen el tribunal ha solicitado la renuncia ni ha emitido queja alguna por esta situación.

Y yo no comparto esta opinión. Creo que un magistrado del constitucional no puede tener una vinculación política directa, un cargo de este tipo requiere de un perfil apartado de la actividad política; algo que nunca ha sucedido porque siempre ha habido magistrados vinculados a partidos políticos. Sin ir más lejos, Luis López Guerra, que fue magistrado en una etapa anterior era afiliado al PSOE.

Y además, siendo prácticos, esta situación tampoco es positiva para el día a día del tribunal, porque su Presidente, a fin de evitar nulidad de procedimientos y recusaciones, se deberá abstener de conocer de asuntos que puedan afectar (para bien o para mal) al Partido Popular, y son muchos.

Los que defienden esta situación alegan que no hay ninguna ley que prohíba que un afiliado a un partido político pueda ser miembro del TC, como hemos indicado, pero se vuelven a confundir los conceptos pues en este País no se diferencia entre responsabilidades jurídico-legales y políticas y creo que es hora de empezar a hacerlo.

Porque todo no es Ley escrita, también el respeto por las instituciones y por los ciudadanos, en definitiva, la moralidad. Y estas actitudes ayudan muy poco, estas actitudes son las que provocan que los ciudadanos cada día creamos menos en la res pública, porque visto lo visto, ¿quién cree que el TC es independiente?

domingo, 9 de junio de 2013

UN TITULAR MUY TRISTE


Ayer un titular del diario en la red Libertad Digital me llenaba de tristeza y me hacía pensar sobre nuestro sistema democrático, aunque no le faltaba razón. Decía así: “El PP recupera el control del Tribunal Constitucional”.

Vaya por delante que yo estoy en contra de la necesidad de que exista un órgano como el Tribunal Constitucional, pues considero que las garantías constitucionales, la interpretación de nuestra Carta Magna ha de realizarse desde los tribunales de justicia y no desde un “tribunal” nombrado por políticos. Al igual que no comprendo, por ejemplo, la existencia de la fiscalía anticorrupción, como si solo este fiscal fuera el que persiguiera los actos de corrupción, algo que, supuestamente, han de hacer todos los miembros de la Carrera Fiscal.

El Tribunal Constitucional está compuesto por doce magistrados, cuatro a propuesta del Congreso de los Diputados por mayoría de tres quintos de sus miembros; cuatro a propuesta del Senado, con idéntica mayoría; dos a propuesta del Gobierno y dos a propuesta del Consejo General del Poder Judicial. ¿Y los miembros del Consejo General del Poder Judicial quien los designa?, pues sus veinte miembros lo son elegidos por las Cortes Generales, entre jueces y juristas de reconocida competencia. Es decir, que todos los miembros del Constitucional son elegidos por políticos.

¿Qué garantías tenemos los ciudadanos cuando el tribunal que ha de interpretar la Constitución y decidir sobre la constitucionalidad de las leyes y otras actuaciones está nombrado por políticos? En los Estados Unidos de América, por ejemplo, su Norma Fundamental la interpreta el Tribunal Supremo que, para empezar, lo forman jueces con cargo vitalicio. ¿No podría ser en España igual?


Y luego se habla de separación de poderes. Luego nos venden que las decisiones del Tribunal Constitucional son independientes. Lo siento, pero visto lo visto no me lo creo, porque el Tribunal Constitucional es un órgano político, que actúa al mandato de los que los designan o, al menos, esa es la sensación que da.

jueves, 6 de junio de 2013

El DÍA QUE REQUISARON LA JUSTICIA EN ESPAÑA, por @PepeWilliamMunn

El amigo José Quijada Rubira, @PepeWilliamMunn, me ha remitido este artículo que hoy publico en DECDLT. Os recuerdo que estoy encantado de abrir el Blog a todos los que quieran participar.


El 23 de febrero de 1983, con un despliegue militar sin precedentes, el gobierno socialista de Felipe González se había incautado de Rumasa. Meses más tarde, el 5 de diciembre de 1983, se filtró la sentencia del Tribunal Constitucional sobre la expropiación de Rumasa. Seis magistrados habían votado en contra y otros seis a favor, desempatando el voto de calidad de Manuel García Pelayo, presidente del Constitucional, tras intensísimas presiones recibidas por parte de Alfonso Guerra, que le hicieron doblegarse. El 1 de julio de 1985, aprovechando su mayoría parlamentaria, los socialistas reformaron la Ley del Poder Judicial, decidiendo que fuese el Parlamento quien eligiese a los vocales del Consejo General del Poder Judicial. Se habían cargado la independencia del poder judicial, politizando dicho órgano. La frase que se atribuye a Alfonso Guerra, “Montesquieu ha muerto”, en referencia al filósofo que defendió la independencia de los tres poderes del Estado –el legislativo, el ejecutivo y el judicial-, entraba en vigor en ese mismo momento. España comenzaba a morir, poco a poco, ante el acto liberticida del Partido Socialista Obrero Español.

La necesaria, básica y fundamental función de vigilarse entre sí los tres poderes para evitar sus excesos, quedó rota degenerando cada vez más, sin que nadie haya tratado de arreglar o poner fin a esta situación insostenible y anormal en cualquier nación democrática. Ningún partido político ha buscado una solución de verdad. Todo han sido buenas palabras que el viento se llevó. No hay más que ver las idílicas relaciones entre Gobierno y órganos superiores de Justicia, ajustándose a los criterios del que manda ya que les deben el puesto que ocupan, corrompiendo la independencia, la libertad, la democracia y, por ende, España. Nadie se escandaliza de la adscripción partidista de los magistrados de mayor rango. Exentos de vigilancia y de freno, sin que nadie les pare los pies, campan a sus anchas y sus excesos no tienen parangón, produciendo repugnancia y vómito ante tanta vileza e infamia. Para muestra, unos clarificadores hechos de la ignominia que padecemos:

-Las Cajas, la mitad del sistema financiero del que la partitocracia se ha enseñoreado, son un caso paradigmático de incompetencia y ligereza. Está la responsabilidad de los políticos que desvirtuaron el carácter social de las viejas cajas de ahorros y quienes fueron colocados a dedo por ellos. ¿Dónde está la Fiscalía Anticorrupción y la Unidad de Delitos Económicos y Fiscales?

-Los ERE de Andalucía, 1.400 millones de corrupción repartidos entre PSOE, IU, CCOO y UGT, con la Junta Andaluza entorpeciendo y persiguiendo a la juez Alaya y, lo que resulta más escandaloso, las críticas del presidente del CGPJ, Gonzalo Moliner, a la instrucción del caso de los ERE.

-El caso Faisán durante el Gobierno de Zapatero y Rubalcaba, un soplo a la banda terrorista ETA, urdido para salvar el turbio “proceso de paz” en un marco de ocultación política y confusión moral. Las componendas de los ropones no se hicieron esperar: primero, con la intervención minimizadora del entonces juez Garzón y sus maniobras de bloqueo; luego, con las complacientes providencias de Gómez Bermúdez y, finalmente, con el escandaloso apaño plenario de la Audiencia para alejar de la campaña electoral un asunto tan escabroso.

-El delincuente Sánchez Gordillo y su Sindicato Andaluz de Trabajadores (SAT), que se mofa del Estado y sus leyes ocupando fincas, asaltando supermercados y agrediendo a cajeras con total impunidad. La Justicia, empezando por el ministro de Interior, ha decidido no tomar cartas en el asunto del régimen talibán andaluz, laboratorio del caciquismo leninista del tal Gordillo y sus “trabajadores”, dejando total libertad a este iluminado del pleistoceno ideológico.

-La populista Ada Colau y su Plataforma de Afectados por la Hipoteca (PAH), promotora de la violencia del acoso y la coacción, utilizando el seudónimo que tanto gusta a la izquierda de escrache. Con este método, decenas de políticos del PP y sus familias –algunos en sus casas particulares- son sitiados y amenazados; sucursales bancarias  asaltadas y ocupadas sin que la Justicia haga nada, aprovechándose de la moribunda democracia española y con actuaciones que recuerdan épocas muy oscuras. Pero el presidente del Tribunal Supremo y del Consejo General del Poder Judicial, Gonzalo Moliner, afirma que “los escraches, en tanto no sean violentos y no lo son, son un ejemplo de la libertad de manifestación”. Esta es la Justicia en España.

-El dislate de Cataluña y su declaración soberanista de la Cámara catalana, ignorando el auto del Constitucional y con el desacato como principio político. Mas, Gispert y demás compinches hacen alarde de una insumisión que ha sido tolerada por el Estado de Derecho, cuestionando la democracia en España, al cruzar la línea roja una y otra vez. Además, encuentra apoyo a su tesis secesionista en Pascual Sala, presidente del Tribunal Constitucional, declarando que “El Estatuto está vivo, aprobado por referendo y todavía puede ser desarrollado”. El conocido por “Pascualone” -imagínense por qué-, elude que el TC frene el desafío de Mas en sus dos últimos plenos. Para salir corriendo.

-La revocación del Tribunal Constitucional de la anulación de las candidaturas de la coalición Bildu por el Supremo, da idea y prueba fehaciente del esperpento y caos que habita en nuestra Justicia. Pascual Sala –otra vez “Pascualone”- y sus cinco infames cómplices, dieron luz verde a la introducción en las instituciones de ETA-Bildu, en una de las mayores vilezas jamás perpetrada. ¿Hay algún país democrático que tenga a los asesinos y terroristas en el poder, beneficiándose de todo lo que ellos denigran y combaten?

-La nutrida colección de jueces ultragarantistas que tiene la Audiencia Nacional y que le dan a ETA todas las facilidades para que chulee a la democracia, riéndose de sus víctimas y de todos los españoles. Los casos de de Juana Chaos, Ternera, Bolinaga, Lasarte, Ciganda…son el arquetipo, el fiel espejo del despropósito en que nos hemos instalado y de que hemos tocado fondo en la mayor poza séptica de la historia.

-El caso de Sandra Palo, violada, atropellada y quemada viva por cuatro sujetos y donde el principal acusado, Rafael García Fernández  -apodado “El Rafita”-, tras cuatro años de condena, está completamente libre y prosigue su carrera delictiva sin que la Justicia detenga tal animal. O el  suceso de Marta del Castillo, cuyo cuerpo sigue sin aparecer y sin saber qué pasó realmente, después de cuatro años y medio, permaneciendo sólo en prisión Miguel Carcaño.


Todo este sangrante muestrario confirma el colapso institucional de la Justicia, que en un Estado de Derecho es esencial para la seguridad y la confianza del ciudadano. La impunidad se ha convertido en una enfermedad que se ha inoculado en toda la sociedad española. La contaminada y perversa Justicia en España se ha convertido en coyuntural protectora de sus enemigos y las Leyes no tienen quien las defienda. Su descomposición es crónica y nadie viene a socorrerle. Francisco de Quevedo, en el “Sueño del infierno” –el tercero de sus cinco “Sueños”- , señala con su dedo acusador, en primer lugar, a las gentes de la Ley, que las ha sufrido en sus carnes: “¿Es posible que no hay en el Infierno ninguno ni le pude topar en todo el camino? Sí hay –me respondió-;…que acá por gatos los conocemos…que, con ser el Infierno tan gran cosa, tan antigua, tan maltratada y sucia, no hay ratón en toda ella que ellos los cazan.” (Las zahúrdas de Plutón). Será su merecido destino.

jueves, 8 de noviembre de 2012

¿LE LLAMAMOS MATRIMONIO?



El martes se conocía la Sentencia del Tribunal Constitucional declarando legal el matrimonio entre dos personas del mismo sexo. Resulta que en el año 2005 el Partido Popular presentó un recurso de inconstitucionalidad contra esta modificación legal que permitía el llamado matrimonio homosexual.

En primer lugar he de llamar la atención sobre las fechas, la reforma legal y la presentación del recurso de inconstitucionalidad es de 2005 y la sentencia ha recaído siete años después, ¿es eso justicia? De verdad que me preocupa, y mucho, la lentitud del Tribunal Constitucional en dictaminar.

En el caso de que el matrimonio homosexual hubiera sido declarado inconstitucional ¿qué habría pasado con las personas que se han casado durante estos años? ¿cómo debería proceder el Estado?

En segundo lugar he de mostrar mi conformidad con la sentencia, creo que es justa, creo que estas relaciones deben estar reguladas y equiparadas al matrimonio tradicional. ¿Cuántas parejas de homosexuales se han visto sin nada tras el fallecimiento de uno de ellos?, sin derecho a herencia, sin derecho a pensión, sin ningún tipo de reconocimiento, después de haber convivido durante muchos años.

Si tengo una duda en cuanto al nombre, no sé si es correcto que también se llame matrimonio, por el significado de la palabra, nada más, por sus connotaciones sociales y culturales. De hecho, en la actualidad, la propia Real Academia de la Lengua Española define matrimonio como “unión de hombre y mujer concertada mediante determinados ritos o formalidades legales”; y la propia Constitución, en su artículo 32, dice “el hombre y la mujer tienen derecho a contraer matrimonio con plena igualdad jurídica”, siendo claro que se refiere a la unión de hombre y mujer, aunque aquí sí que no esté claro.

Y otra duda que me asalta, como padre, es la siguiente: si mi hijo ha de ser dado en adopción ¿querría que fuera dado a un matrimonio homosexual? Sinceramente no tengo respuesta para esta pregunta. Una pareja homosexual puede dar más educación, más valores y más civismo a un hijo que una pareja de hombre y mujer, ¿qué pasa si mi hijo es dado en adopción a un matrimonio en el que el marido pega a la mujer?, por ejemplo.

Resumiendo, creo que se ha hecho bien reconociendo este derecho, pero solo tengo dudas respecto a lo del nombre.

sábado, 23 de junio de 2012

HAY QUE REFORMAR EL TRIBUNAL CONSTITUCIONAL



Estos días se ha puesto en la picota al Tribunal Constitucional (TC), consecuencia de la sentencia en la que se legaliza a Sortu, partido político proetarra que había sido ilegalizado por el Tribunal Supremo, en sentencia firme.

Además, la Presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, ha realizado unas declaraciones que merecen atención, pues propone la dirigente del Partido Popular la eliminación del Tribunal Constitucional, convirtiéndolo en una sala del Tribunal Supremo.

Y, como casi siempre, no puedo estar más de acuerdo con la Sra. Aguirre. El TC, por su naturaleza y forma de elección de sus miembros, está abierto a presiones y manipulaciones con el objetivo de que dicten sentencias que interesen a determinados políticos o vengan bien a determinado proceso, como el que existe actualmente de negociación y rendición ante ETA.

Aunque los miembros del TC no son políticos, sí son elegidos por éstos y, por lo tanto, están más predispuestos a las presiones políticas y a la devolución de favores. Sin embargo, los magistrados del Tribunal Supremo, en su mayor parte, llegan a sus puestos después de una dilatada experiencia en la carrera judicial y por razones de méritos y capacidad.

Además, los jueces y magistrados de nuestro País son garantes de aplicar las leyes y, en las mismas, entra la Constitución, por lo que se supone que los miembros de la carrera judicial ya velan por el cumplimiento de la Carta Magna. Y para los casos en los que se tuviera que revisar algún proceso, bastaría con que una Sala del Tribunal Supremo hiciera esta labor y adecuara lo sentenciado a la Constitución.

Lo que no es admisible es que el TC se haya convertido en un tribunal de instancia, y que en cuestiones de interés político se dediquen a revocar sentencias del Supremo y a sentenciar conforme a los intereses de los políticos de turno.

España en este ámbito, para variar, precisa de una reforma seria y rigurosa, pues además de la mala imagen que se da a los ciudadanos, también la estamos dando al resto del mundo.