
“La juventud se cura con
el paso de los años, la ignorancia con la instrucción, la borrachera con la
sobriedad... pero la necedad perdura para siempre”. Fue el genial comediógrafo
ateniense Aristófanes quien lo dijo con claridad meridiana en el siglo V a. C.
Parece ser que el ser
humano no cambia y tropieza siempre con la misma piedra no solo una vez, sino
que lo ha venido haciendo durante siglos y siglos. El siglo XXI tampoco se nos
salva de la quema.