Desgraciadamente
llevamos varias semanas hablando de la sentencia del Tribunal Europeo de
Derechos Humanos en relación a la conocida como ‘Doctrina Parot’ y de la que ya he dado mi opinión en Desde
el Caballo de las Tendillas en varios artículos.
Y
es que consecuencia de esa sentencia son muchos los terroristas, violadores,
asesinos y demás delincuentes muy peligrosos que han sido puestos en libertad,
y son puestos en libertad porque el Gobierno de España ha querido acatar la
sentencia y cumplirla en todos sus términos. Algo que se podría haber evitado
si hubiera existido voluntad política.
Pero
tenemos el Gobierno que tenemos y las consecuencias las sufrimos todos. Y
claro, ahora surgen los problemas, los miedos y las esperas. Como la espera que
se está viviendo en Córdoba ante la posible llegada de Miguel Ricart a nuestra
Ciudad, algo que se confirmaba desde la Subdelegación del Gobierno, aunque ayer
el Alcalde, José Antonio Nieto, dijera que no le consta que Ricart quiera
instalarse en Córdoba.
Y
digo yo, si el Gobierno ha puesto en libertad a estas personas, (porque creo
que ha sido el Gobierno y no los jueces, como nos quieren hacer ver), en
cumplimiento de una sentencia, estas personas ya han cumplido con la sociedad,
ya han cumplido su pena, por lo que ¿a qué viene controlarlos?, ¿en base a qué
razones se siguen sus pasos?
Estas
personas ya están en libertad, consecuencia de una decisión política, por lo
que gozan de todas las garantías civiles, como el resto de los ciudadanos y,
por lo tanto, no veo bien que se les controle, que se les vigile. Si somos tan
demócratas como para acatar una sentencia y cumplirla de una forma tan rápida,
seamos también demócratas con sus consecuencias y no sometamos a vigilancia a
personas que ya han cumplido con la Justicia.

