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jueves, 12 de septiembre de 2013

SE SEGUIRÁ CORROMPIENDO LA DEMOCRACIA


La jueza Mercedes Alaya va a conseguir que casi todos se pongan en su contra; por un lado los socialistas, por motivos obvios y por otro lado los separatistas catalanes, por fastidiarles la cadena independentista que montaron ayer, coincidiendo con la Diada de Cataluña. (Que digo yo que podrían haber aprovechado los del Fairy la fila para intentar batir su récord de limpieza de platos).

Y es que lo de la imputación de los ex presidentes de la Junta de Andalucía Manuel Chaves y José Antonio Griñán, ha levantado un gran revuelo. Yo no voy a hablar sobre la imputación, pues desconozco el proceso judicial abierto y, además, todavía no se ha llevado a efecto la misma, ya que al tratarse de personas privilegiadas con un aforamiento por su condición de políticos, la juez Alaya ha de ponerlo en su conocimiento previamente.

De lo que voy a hablar es de las responsabilidades políticas frente a las judiciales, como ya hemos comentado en otras ocasiones. Y es que una cosa son las cuentas que se deban rendir ante la Justicia y otras las que se deben rendir ante los ciudadanos, y de esto último en España tenemos un déficit importante (bueno, y de lo primero también). Porque en cualquier País con una democracia avanzada, con una sociedad civil fuerte, cualquier político imputado en un caso de corrupción dimitiría de todos sus cargos; y me limito a los casos de corrupción, no a cualquier tipo de imputación, como debería ser.

Por eso Manuel Chaves y José Antonio Griñán deberían dimitir de todos sus cargos, deberían apartarse de la política y de la vida pública; igual que deberían hacer todos los políticos imputados por corrupción, sean del partido que sean, vivan donde vivan. Y la ciudadanía debería ser implacable, exigir las dimisiones y no votar a ningún partido que cuente entre sus listas con personas imputadas. Mientras tanto tendremos que seguir aguantando a imputados en las instituciones, y así se seguirá corrompiendo la democracia.

miércoles, 27 de marzo de 2013

OTRA VEZ CONFUNDIENDO RESPONSABILIDADES POLÍTICAS Y JUDICIALES



Menuda semanita lleva la Vicesecretaria General del Partido Socialista Obrero “Español”, Dª Elena Valenciano. Ayer decía que <<"No hay nada" que apunte a la "responsabilidad política de Griñán" en los ERE>>.

Pues nada, el Sr. Griñán, que fue Consejero de Economía antes que Presidente de la Junta de Andalucía no tiene ningún tipo de responsabilidad política en el caso de los ERE. Mire usted Sra. Valenciano, o por acción o por omisión el Sr. Griñán es responsable político, cuanto menos. El Sr. Griñán fue Consejero de Economía cuando se perdieron más de 1.000 millones de €, ¿no va a tener ninguna responsabilidad?

Y decía que menuda semanita lleva la diputada Valenciano porque hace unos días manifestaba, comparando el caso Campeón, en el que está implicado José Blanco, y el caso Gürtel, en lo referido a la Ministra Ana Mato, que "hay imputaciones e imputaciones. Y una cosa es ser diputado (en referencia a José Blanco) y otra es estar en el Gobierno. La de Mato es una responsabilidad política". ¿Y entonces la responsabilidad de Griñán qué es?

Como he dicho en otras ocasiones en este País se confunden las responsabilidades políticas y judiciales. Nuestros políticos esperan a que se produzcan imputaciones o condenas para adoptar responsabilidades en el ámbito político. Y esto no ocurre solo en el Partido Socialista, ocurre en la mayoría de los partidos. En el Partido Popular también hay una larga lista de ejemplos.

Por ejemplo, en relación al caso Gürtel o al caso Bárcenas, desde estas páginas hemos pedido la dimisión de Ana Mato, pero es que también deberían dimitir los responsables del Partido Popular que cuanto menos no observaron la corrupción de la trama Gürtel o el choriceo de Bárcenas. Igual que Griñán muchos deben responder por su acción o por su omisión.

A nuestros responsables políticos se les ha de exigir un plus de responsabilidad, de honorabilidad, de ejemplo…, y a los dirigentes de los partidos se les ha de exigir, además de lo anterior el deber ‘in vigilando’ (de vigilancia) y poner las medidas para que no se produzcan estos casos y atajarlos en cuanto exista la más mínima duda. Esperanza Aguirre, como en muchas otras cosas, es un ejemplo en este sentido, pues corta de raíz en cuanto se observa el más mínimo indicio de corrupción. La mayoría debería aprender de ella.