Ayer saltaba la noticia, ya esperada por cierto, el
Presidente de la Comunidad Autónoma del País Vasco (con lo bien que suena
vascongadas), Patxi López, convocaba elecciones al Parlamento autonómico para
el próximo 21 de octubre.
Da la sensación de que se continúa con algo pactado,
una “hoja de ruta” acordada por los dos principales partidos políticos de este
País, en la que han participado el Partido Nacionalista Vasco y la izquierda
abertzale, mejor dicho, ETA.
Las piezas van cuadrando. La política de
acercamiento de presos iniciada por Zapatero y continuada (pasa sorpresa de
muchos) por el propio Rajoy. La pantomima del perdón de las víctimas a los
etarras, como dije en mi artículo por el homenaje y el agradecimiento a las
víctimas del terrorismo, perdón que se ha de quedar en el ámbito privado,
porque el Estado no puede perdonar estos hechos. La entrada de Bildu en el
gobierno de muchas localidades del País Vasco, entre ellas San Sebastián y la
Junta General de Guipúzkoa. El otorgamiento del tercer grado al torturador de
Ortega Lara, por padecer una enfermedad terminal, tras un chantaje más al Estado
por parte de los etarras, en forma de huelga de hambre. Y por último la
convocatoria de estas elecciones. Todo cuadra. El Estado se rinde ante ETA y
mucho me temo que el próximo Lehendakari (presidente de la Comunidad Autónoma
vasca) será proetarra.
A lo mejor el próximo lehendakari es Arnaldo Otegi,
ese hombre de paz, como fue calificado en 2007 por el entonces Presidente de Gobierno,
Sr. Zapatero. Porque en este País hemos tenido que aguantar hasta esto, que el
Presidente de la Nación califique de hombre de paz a un terrorista.
Todo cambio en este País a partir del 11 de marzo de
2004. Será casualidad, pero da la sensación de que todo está escrito, a
espaldas de los ciudadanos, a espaldas de los españoles. A saber qué se quiere
tapar, a saber qué se quiere evitar.
