Siempre que
ha gobernado en este País el Partido Popular ha habido un sector de la
izquierda, o de la extrema izquierda, que ha intentado derribar al Gobierno
legítimo de España por medio de la violencia. Y últimamente ya ni se cortan en
reconocerlo abiertamente. Ya en su día se las montaron a los gobiernos de
Aznar, se olvidaron prácticamente de su lucha con la vuelta de los socialistas
al poder, (los 8 años perdidos de ZP), y ahora han vuelto a las andadas. Ahí
tenemos como ejemplos los altercados de estos últimos días.
Ayer leía que
el coordinador estatal por las conocidas como ‘Marchas por la dignidad’, (“¿digni qué?”), un tal Rafael
González, decía en el diario Público que la violencia de estas convocatorias ha
sido algo creado por las ‘cloacas del estado’ para que los telediarios abrieran
con estos actos y no con el éxito de las convocatorias. Según dice este
individuo tres petardos lanzados por tres personas sin identificar fueron la
excusa para cargar contra manifestantes pacíficos. Además el coordinador
estatal de las ‘Marchas por la dignidad’ ha indicado que están estudiando
emprender acciones legales contra la Delegación del Gobierno en Madrid y la
Policía.
Imagino que
esa teoría también será aplicable a la huelga en la enseñanza universitaria y a
los altercados en la Complutense de Madrid, de los que hablábamos ayer.
Y digo yo,
los policías heridos, las imágenes que hemos visto en televisión ¿son un
montaje del Gobierno?, ¿se trata de policías contra policías? Este personaje
podría aprender de los estudiantes que, en la Puerta del Sol, increparon a un
grupo de violentos que quería organizar desórdenes expulsándolos de su
manifestación. Así se hacen las cosas y es algo que se ha de reconocer y
aplaudir. Derecho de manifestación el que se quiera, pero de forma pacífica y
respetando a los demás.
Qué
oportunidad ha perdido el coordinador de las ‘Marchas por la dignidad’ para
condenar los actos violentos y pedir excusas por no haber podido detectar y
controlar a los violentos que se manifestaron junto a ellos. Pedir disculpas y
condenar esos actos sí habría sido un ejemplo de dignidad.
