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viernes, 26 de mayo de 2017

LLEGAR ENFADADO A LA FERIA POR CULPA DE ‘LA AMBROSIO’


Ir a la Feria debería ser motivo de alegría, pues a la Feria se va a eso, a disfrutar, a echar un buen rato con la familia y los amigos y a despejarse de los problemas cotidianos. Pero este año no está siendo así, pues muchos de los que llegan al Arenal lo hacen ya de mal humor, enfadados después de haber tenido que esperar muuuuuuuuuucho rato para coger el autobús, porque los taxis escasean (colapsados por la inoperancia de Aucorsa) y porque con el calor que estamos sufriendo tampoco apetece ir andando al recinto ferial. 

domingo, 5 de marzo de 2017

LAS ENCUESTAS DE DECDLT…


Hoy es domingo y toca encuesta en Desde el Caballo de las Tendillas. Y queremos conocer la opinión de nuestros lectores sobre el autobús de la asociación Hazte Oír, al que se le ha impedido circular.

La pasada semana os preguntamos sobre la pena de muerte. Un 35 % os habéis mostrado a favor, mientras que un 65 % está en contra de esta medida.

Y esta es la pregunta de esta semana, ¡esperamos vuestra participación!


¿QUÉ OPINAS DEL AUTOBÚS DE HAZTE OÍR?


sábado, 4 de marzo de 2017

RECORDANDO EN DECDLT… PODEMITAS POR ENCIMA DEL BIEN Y DEL MAL

Los sábados recordamos en Desde el Caballo de las Tendillas y, tras lo ocurrido esta semana con el autobús de Hazte Oír, traemos un artículo de febrero del pasado año, sobre Rita Maestre y su asalto a la capilla de la Complutense…





sábado, 4 de octubre de 2014

UN ACCIDENTE ES UN ACCIDENTE


El jueves Córdoba era noticia en los medios de comunicación por el espectacular incendio de un autobús, de la empresa municipal Aucorsa, en pleno centro de la Ciudad de los Califas. La noticia del incendio corría como la pólvora y la columna de humo era visible desde casi cualquier punto de la Ciudad. Y lógicamente la oposición en el Ayuntamiento no ha tardado en intentar sacar partido de este accidente, no se podía esperar otra cosa.

domingo, 4 de noviembre de 2012

LA BODA DE MI MEJOR AMIGA por Piti Ferrer


Viernes, 19.00 horas, estás medio arreglada y, encima la boda, de la que eres testigo por ser de una de tus mejores amigas, es a  las 19.30 horas y no has salido de tu casa. ¿Qué haces? Terminar de vestirte en el taxi con la consiguiente mirada indiscreta del taxista, que a esas alturas de su vida ya ha visto casi de todo y encima gratis. Bueno, mejor dicho cobrando.

Estado anímico, ENFADADÍSIMA, porque el que va al lado tuya, para variar, va “perfecto” (en el 98% de la veces, a costa de tus carreras) y encima relajado. Para colmo, como llegas tarde, nadie ha podido elogiar lo guapísima que vas (porque hasta a la más fea del mundo le dicen que va guapa pero, cuando te toca a ti, “siempre te lo dicen de verdad”) y el modelazo que llevas (si tienes mucho interés en la boda, todo es nuevo, y, si no, es reciclado o prestado). Pero bueno, llega la novia, empieza la boda, la ceremonia larguísima (con cantos incluidos) y, cuando parece que todo va a acabar ¡empiezan las fotos! Te pones, te quitas, te quitas, te vuelves a poner y, ¡bien!, se acabaron.

Ahora, empieza lo bueno. Vete corriendo a coger el autobús para que te lleve a la finca de moda para bodas-bautizos-comuniones que está en algún sitio desconocido hasta para el GPS. ¡Horror! Hay tantos invitados, que se han llenado los dos autobuses, que previamente los propios novios te han insistido en que cojas para que te despreocupes de los controles de alcoholemia, y hay que esperar 45 minutos (que termina siendo una hora y media porque los conductores es la primera vez que van y se han perdido por la malísima carretera) para que te recojan. Y, ahora ¿qué haces? Esperar, encima no vas a perder el sitio en la cola para perder también el siguiente autobús. Miras al lado, ¿dónde está el “perfecto”? ¡en el bar de la esquina! Porque como tenía mucho calor y la ceremonia había sido tan larga, “tenía la boca seca”. Y ahí estás tú, en la cola, de pie, con tus zapatos nuevos, guardando el sitio el tiempo que haga falta y hablando tonterías con gente que no conoces porque tus amigos se han ido todos en el primer autobús.

Por fin, llegas a la famosa finca que, por lo que dice la gente, “tiene unas vista preciosas” pero que como ya es de noche, por motivos obvios, no ves nada y resulta ser un sitio más de celebraciones, con luces amarillentas o peor blanco LED que, entre el mal color de cara que le dan a los invitados y lo poco que se ve, hace que te muevas poco en los aperitivos, los cuales, como has llegado tarde, te has perdido la mitad y todo el mundo dice que estaban buenísimos.

Al cabo del rato, llega una chica muy mona, con cofia incluida, y te pregunta tu nombre para indicarte tu mesa en la cena. Mmmm, no estás. Le dices que pruebe con el nombre del “perfecto”. ¡Ah, sí! Sr. Perfecto y Sra. ¡¿Pero la amiga no era tuya?! Veinte años de amistad para que una de tus mejores amigas te resuma a “y Sra”. Pero bueno, cosas del protocolo.

Primer plato, no te gusta; segundo plato, tampoco te gusta; postre, que bueno… pero que pequeño es. Conclusión, que hambre tienes ¡y con el dineral que ha costado el cubierto! Encima, otra de tus mejores amigas, que comparte mesa contigo, en previsión a lo que podía, e iba a pasar, (porque la tía se había informado previamente del menú y se le había olvidado comentar que era cocina modernita-extrañita-carita) te dice que no tiene hambre porque se ha comido antes de salir un “mollete con jamón y tomate que estaba buenísimo”.

Llega el valls, que mal lo hacen lo pobres, menos mal que los padres de ambos salen para salvar la situación y compartir las miradas de los invitados. A continuación empieza el chimpún y los famosos zapatos nuevos te han hecho una carnicería en los pies. Las tiritas, para qué si se te van a caer. En ese momento te llega una que no ves desde los noventa y te dice eso de “que zapatos más bonitos, son nuevos ¿verdad? es que se te ha olvidado quitarle la pegatina de la suela” y, como si fuese un episodio de Ally McBeal en ese momento, si pudieras, le metías el tacón en la boca.

Y digo yo, donde están esas bodas íntimas en las que iban la familia y los amigos más directos. Porque a mí que me dejen de tonterías, una boda de 200 personas o más, íntima, íntima, no es precisamente. El problema es el negocio que entraña una boda. Cualquier cosa que se haga en ella, en el que su precio normal sería otro, por ser para una “boda” ya es el doble o el triple. Y cuando acuerdas, el negocio ha sido para las chorrocientas empresas que intervienen (desde la imprenta, con las invitaciones, hasta la peluquería, con el peinado de la novia y su familia) y no para los novios que al final son los que tienen que pagarla.