La
corrupción política es un mal endémico de nuestra sociedad, una plaga que se ha
adueñado de nuestro hábitat y que va a ser muy difícil de aniquilar. Desde años
la corrupción está presente en nuestra democracia, y es que la corrupción es
algo consustancial al ser humano, algo inherente a cualquier sistema político,
pero algo contra lo que se ha de luchar. El estado democrático ha de ser
implacable con la corrupción y sus manifestaciones; y da la sensación de que
eso no ocurre en nuestro País.
Aunque
parece que algo está cambiando. No obstante no toda la corrupción se trata
igual. Hay una corrupción de la que se habla menos, que se tiene menos en
cuenta. Tenemos una corrupción de primera división, que acapara todos los
medios de comunicación, que está en boca de todos, como ejemplos más destacados
el caso Gürtel y el caso Bárcenas, entre otros. Y contamos con una corrupción
de segunda, que suena menos, que pasa más desapercibida sobre todo entre el
gran público, ahí tenemos el caso Campeón, con el diputado Blanco al frente, el
caso de los ERE en la Junta de Andalucía o el caso del reparto de cientos de
miles de euros entre amigos del PSOE por parte de la fundación IDEAS, por
ejemplo.
¿Por
qué existe una doble vara de medir?, ¿por qué no se tratan los casos de
corrupción igual? Para mí son igual de condenables unos y otros. Bárcenas ya nos hizo la peineta a todos en su día, pero cada día tengo más claro que esa
peineta era una dedicatoria de toda la clase política a los ciudadanos.
¿Cuánto
tiempo han dedicado los programas de las principales cadenas a la corrupción de
uno u otro partido? ¿Cuánto tiempo le han dedicado a la trama de los ERE, por
ejemplo?
Mientras
no se trate toda la corrupción de la misma forma, mientras todos los corruptos
no sean despreciados por la sociedad, sin que se diferencie según el partido al
que pertenezcan, iremos de mal en peor.
