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sábado, 6 de abril de 2013

MÁS CHÁNDAL Y MÁS PAJARITOS, ¿ESO ES LO QUE QUEREMOS?



Ayer se conocía un estudio realizado por la Fundación BBVA, sobre “valores políticos y económicos y la crisis”, por el que se extraen unas conclusiones muy interesantes sobre la forma de pensar de los españoles en lo relativo a la presencia del Estado en la economía y en la vida diaria de los ciudadanos.

Resulta que el 81 % de los españoles considera prioritario mantener el Estado de Bienestar (por el 66% de los europeos en general), incluso si eso supone tener impuestos más altos. La mayoría de los españoles defienden que el Estado debe jugar un papel más activo en la economía (intervencionismo), más allá incluso de la provisión de servicios públicos como la sanidad, la educación o las pensiones.

Tal y como indica el estudio los españoles destacan por una intervención más extendida e intensa del Estado frente al promedio europeo, pues la amplia mayoría cree que el Estado debe tener "mucha" responsabilidad en servicios vinculados al Estado de Bienestar, pero también en otros que los desbordan, como el control de beneficios, los precios o los salarios.

Pues yo soy un bicho raro, yo quiero todo lo contrario. Yo quiero menos Estado, menos presencia pública en la sociedad. Yo quiero que la administración adelgace, que se eliminen organismos inútiles, que se eliminen organismos duplicados y triplicados. Yo quiero menos impuestos. Yo quiero libertad para elegir, no quiero tener a Papá Estado pendiente de mis pasos, tutelando todo lo que haga y diciéndome como he de actuar.

Es curioso, pero muchos de los que quieren más estado, más burocracia, en cuanto pueden contratan un seguro de salud privado y matriculan a sus hijos en colegios privados o concertados.

La mayoría de las cosas la iniciativa privada las hace mejor que la pública, de una forma más eficaz y más barato, ¿por qué entonces ha de existir tanta presencia de lo público? ¿Por qué el Estado lo ha de abarcar todo? ¿Necesitamos, por ejemplo, televisiones y radios públicas?

En definitiva, como titulaba ayer Libertad Digital, “los españoles quieren más Estado y menos mercado”, y yo diría “los españoles quieren más Cuba, más Venezuela”. Más chándal y más pajaritos, ¿eso es lo que queremos?

jueves, 25 de octubre de 2012

EL EMPRENDEDOR Y LA BUROCRACIA



Según el Informe publicado por el Banco Mundial, “Doing Business 2013”, crear una empresa en España es más difícil que hacerlo en Afganistán, en Albania, en Burundi, en Irán, en Kosovo, en Kenia, en Marruecos, en Nepal, en Nicaragua, en Ruanda, en Senegal, en Tanzania, en el Yemen e incluso que en Zambia. ¡Ahí queda eso!

Dice el informe que en España se requieren 10 trámites y 28 días, un coste equivalente al 4,7% de la renta por habitante y un capital mínimo que representa un 13,2% de esa misma renta por habitante.

Estos datos son para sonrojar a más de uno. A nuestros políticos, de todos los colores, les debería dar vergüenza. ¿Así se va a mejorar la economía española? ¿así fomentamos a los emprendedores?

En todos los programas electorales se recogen medidas para agilizar los trámites de permisos y licencias de nuevas empresas, pero parece que queda ahí, que al final no se lleva a efecto. ¿Tan difícil es?

Desde hace décadas se viene hablando de las “ventanillas únicas”, de las licencias rápidas, y algunas de estas cuestiones se llevan a cabo, pero parece que en países como Marruecos, Senegal o Zambia lo hacen mejor que nosotros.

Visto el Informe del Banco Mundial, solo puedo pensar una cosa, que no existe voluntad política por fomentar las empresas en este país. Y estos informes tienen influencia en inversores extranjeros, que antes de abrir una empresa en nuestro País, a lo mejor lo prefieren hacer en Tanzania, donde lo tienen más fácil.

Todo esto, unido a las diferentes legislaciones y normativas en cada una de las Comunidades Autónomas, hacen que el proceso de apertura de una nueva empresa vuelva loco al mejor de los expertos, pues una asesoría de Albacete es casi incapaz de tramitar la apertura de un negocio en Valladolid, por ejemplo.

Y da la sensación de que no hay mucha intención por armonizar normativa, por hacer las cosas más fáciles. Habrá que organizar una comisión de expertos que viaje a Zambia, por ejemplo, para aprender cómo lo hacen allí. Mientras tanto el emprendedor español seguirá sufriendo la burocracia.