jueves, 17 de noviembre de 2016

SINVERGÜENZAS PROFESIONALES


Como bien los ha definido mi amigo y compañero bloguero Javier Sobrevive son la nueva casta, los pijomunistas. Y parece que esta definición de pijomunistas no solo se ha de circunscribir a los más jóvenes, pues visto lo visto parece que también la podríamos ampliar a gran parte de la clase dirigente de Podemos y demás satélites, siendo sus claros exponentes la propia Alcaldesa de Madrid y las mansiones en las que pasa sus vacaciones o su concejala, una tal Montserrat Galcerán, activista del movimiento okupa y propietaria de 9 inmuebles en la capital de España.

Sí, porque la Sra. Galcerán, que es habitual en las manifestaciones del colectivo okupa de Madrid, es propietaria de 9 viviendas. Viviendas que la regidora madrileña no pone a disposición de sus amigos del Patio Maravillas para que desarrollen sus actividades reivindicativas y de resocialización de la gente, que es a lo que aspiran todos estos comunistas, a reeducarnos para que acabemos pensando como ellos. Y ahí está la propietaria de tantos inmuebles defendiendo la ocupación ilegal de propiedades de otros, porque estoy seguro de que sus pisos no se los toca nadie.

Aunque visto lo visto este tipo de actitudes entre la clase dirigente de un partido de la extrema izquierda es algo habitual, y ejemplos a lo largo de la historia y a lo largo del mundo tenemos muchos. Y es que resulta que a estos, a los que se les llena la boca de hablar de solidaridad, de ayudar al más necesitado y de nacionalizar las propiedades (de otros, claro está), amasan fortunas dignas de un burgués al que la vida le ha ido muy bien. Y ahí tenemos el ejemplo de Pablo Iglesias, que es el político que más dinero ha ganado en el 2015, o a Ramón Espinar, un especulador del ladrillo nivel experto…

El caso es que esta gente la tiene como el cemento armado. Ya me gustaría a mí escuchar a la tal Galcerán hablando de la función social de la propiedad, de la necesidad de expropiar al rico para que todos tengan derecho a una vivienda y de tantas otras memeces o palabras sin sentido, porque cuando sabes que tiene 9 viviendas y que defiende la ocupación de otras te das cuenta que esta gente la tiene más dura que el cemento. Que son unos sinvergüenzas profesionales.

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