Estos días, como no podía ser de otra manera, la sucesión en la
Jefatura del Estado lo acapara todo. En casi todas las conversaciones surge la
abdicación del Rey, derivando en la discusión sobre la opción entre monarquía y
república, algo de lo que ya hemos hablado en Desde el Caballo de las
Tendillas.
Y es que en la tarde del pasado lunes, muchas plazas de nuestro País se
llenaron (o medio llenaron) de gente solicitando la instauración de la III
República. Bueno, en teoría lo que piden es la convocatoria de un referéndum
para que el pueblo vote y decida si quiere que España deje de ser un reino y se
constituya en una república.
Y las cabezas pensantes de este movimiento no dudan en utilizar artes
de lo más demagogo, como el líder de Izquierda Unida, cuando decía que los
ciudadanos deberíamos tener la opción de escoger entre monarquía o república y
concretó, entre monarquía o democracia, como si actualmente no viviéramos en
una democracia, como si la forma de estado monárquica fuera contraria a la
democracia. ¡Menudos demagogos manipuladores!
Pero lo más triste es que hay gente que se cree estas afirmaciones. No
seré yo quien critique el derecho de manifestación, como no puede ser de otra
manera, la gente tiene derecho a manifestarse, pero que no pretendan que las
instituciones cambien por el mero hecho de que una minoría se manifieste. En
una democracia los cambios se consiguen en las urnas, votando. Y si se dan las
circunstancias para que España pase a ser una república, conforme a un
procedimiento legal, yo seré el primero en respetarlo, ¡faltaría más!
Pero por favor, no pretendan lograr en la calle lo que no les otorgan
las urnas, algo a lo que nos tiene acostumbrado una parte de la izquierda de
este País. España será lo que todos los españoles quieran que sea y siguiendo
procedimientos legales y democráticos; las manifestaciones callejeras son eso,
manifestaciones; la ley se cambia con la ley.



